jueves, febrero 29, 2024
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Punto de mira

En el Manifiesto de la palabra (nº 150, octubre 2019) se proponía el desafío que aceptaba la revista ante la lógica de los nuevos modos de (in)comunicación, que se expresó, entre otros puntos, en seguir imprimiendo sus palabras en papel para mantener una comunicación más cálida con los lectores. Este desafío termina ahora con este número doble, último en papel de la revista Éxodo. Pero se afianzan tanto o más los demás elementos importantes de aquel manifiesto cuando se decía: «Salvemos las palabras con las que construimos la memoria, con las que analizamos la crisis ecológica, la explotación… Salvemos las palabras con las que comunicamos las ideas más activas, más extraordinarias que cualquier tecnología, las que nos convocan a la acción emancipadora y vienen preñadas de futuro».

Ha sido un largo recorrido de adaptación a las condiciones cambiantes del proceso editorial digitalizador, desde la conciencia de ahorrar papel y no seguir deforestando los bosques. Ya, con ocasión del nº 50, se confeccionó un CD con todos los números publicados, sugerentemente titulado «10 años de utopía en un mundo globalizado». Novedad que volvió a repetirse con la publicación del nº 75. También, desde 2020, la edición se simultanea en papel y digital, y desde 2023 solo quedará la edición digital. Con ocasión del cese de la publicación en papel se van muchas querencias, y para rellenar ese vacío proponemos en este último número doble un recorrido por los 162 publicados anteriormente siguiendo los jalones realizados en el nº 75: Memoria y Futuro (octubre 2004), en el nº 100: 1ExOdO (octubre 2009) y, el más reciente, en el nº 150: Memoria y Profecía (octubre 2019). El lector interesado solo tiene que revisar dichos números para rememorar conjuntamente con nosotros tantas «palabras dirigidas a él mismo», creando esa comunicación agradecida que ha soportado el camino de la revista. En el relato siguiente destacamos algunos aspectos de nuestro propio caminar que consideramos más significativos.

  1. Éxodo con memoria

En 2004, Memoria y Futuro (nº 75) celebraba los 15 años como un “punto de llegada”, donde las grandes causas de la humanidad nos habían impedido mirar para otro lado cuando la justicia y la verdad se habían sentido amenazadas. Se debía, en parte, a la libertad que habían proporcionado los lectores-suscriptores con sus aportaciones y, en parte, a la libertad de la revista de elegir el lugar desde donde mirar la realidad.

El contenido se había ido ajustando a cuatro imperativos mayores que nos iba imponiendo la realidad mirando desde abajo: los pobres como sujeto de justicia y salvación; la ciudadanía como lugar secular de convergencia de todas las diferencias; la democracia como participación activa en la política pública; y las religiones como exigencia de mayor profundidad de lo humano y, a la vez, como signo de superación. Además, también se planteaba ese número como “punto de partida” para seguir en camino en la defensa de las viejas causas y afrontar los nuevos desafíos (se citaba ya la ineludible conciencia de la posibilidad de destrucción del planeta). El propósito era ser testigos, implicados selectivamente, en la dialéctica, desigual en medios, entre una globalización neoliberal rampante y la diversidad de un mundo que se resistía a la homogeneización, clamando por la justicia de los descartados.Éxodo tomó conciencia de dos puntos: de lo frágiles que resultan los márgenes o límites de todos los sistemas

Éxodo tomó conciencia de dos puntos: de lo frágiles que resultan los márgenes o límites de todos los sistemas cuando estos pretenden abarcar toda la realidad, y, además, de la vana pretensión de cualquier sistema –político, social o religioso– cuando pretende erigirse como norma única de la creatividad del espíritu humano. Desde este lugar de observación, se convocaba ya a los lectores para celebrar conjuntamente, cinco años después, el nº 100.

Y el nº 100 llegó para celebrar los 20 años del recorrido de la revista. El equipo elaboró el “Manifiesto 1Ex0d0”. Corría el año 2009, y la crisis había ido coloreando todo; se hablaba de una crisis global y planetaria. Esta nueva situación también impregnó las opciones y apuestas, los compromisos y la insistencia en el horizonte utópico para el quehacer de la revista. La adaptabilidad había sido su razón de ser cuando nació en 1989.  Una exigencia de la realidad para poner la reflexión lo más cerca posible de los hechos, para dar publicidad a las actuaciones de quienes, creyentes o no, sostienen la esperanza, persistiendo cada día en la brecha.

Éxodo denunciaba abiertamente la “salida de una crisis” que se estaba haciendo sobre los perdedores de la misma, mientras dejaba a los responsables impunes. Se apostó por la sostenibilidad de la vida en el planeta Tierra; se proclamó la ética intercultural en el mundo globalizado, desde la autoridad moral de los olvidados. Y, finalmente, se abogaba por ahondar en la genuina espiritualidad que viene de más lejos que la religión y las instituciones religiosas porque abre al ser humano a los demás y a la transcendencia; una espiritualidad que debe impregnar las relaciones entre la religión y la laicidad o entre la fe y la ciencia. Espiritualidad constitutiva del humus de la solidaridad con los excluidos de todos los sistemas, víctimas de esta y de todas las crisis en la historia. Estar en éxodo permanente es empezar a mostrar que otro mundo es posible ya.

la Carta apasionada de Pere Casaldáliga a Éxodo

Por otra parte, el nº 100 contó con un documento excepcional de apoyo al recorrido de la revista: la Carta apasionada de Pere Casaldáliga a Éxodo. Comentaba Pere que, sin exhibicionismo, Éxodo viene siendo una plataforma profética, una instancia revolucionaria; siempre en rebelde fidelidad. Historia de salidas hacia tierra extraña, de terca esperanza al servicio de la utopía humanizadora, hacia la tierra de la libertad, a la búsqueda de la “tierra sin males”. Destacaba el estar en la frontera del diálogo; en dar cabida en sus páginas a todas las fes, a todas las dudas y silencios agnósticos, siendo la forja simultánea de una religión y una laicidad adultas y corresponsables. Terminaba con un consejo amistoso: seguir siempre en éxodo, en utopía diaria, y nos dedicaba un delicado soneto que animamos a meditar a todos los lectores.

La vida sobre ruedas o a caballo,

yendo y viniendo de misión cumplida,

árbol entre los árboles me callo

y oigo cómo se acerca Tu venida.

Cuanto menos Te encuentro, más Te hallo,

libres los dos de nombre y de medida.

Dueño del miedo que Te doy vasallo,

vivo de la esperanza de Tu vida.

Al acecho del Reino diferente,

voy amando las cosas y la gente,

ciudadano de todo y extranjero.

Y me llama Tu paz como un abismo

mientras cruzo las sombras, guerrillero

del Mundo, de la Iglesia y de, mí mismo.

En éxodo, tras la justicia” fue el eje del editorial del nº 150 de la revista, titulada Memoria y Profecía (octubre 2019). Llevábamos ya una década cumplida de la crisis global y planetaria y desde la revista se atisbaban malos tiempos para la disidencia, para seguir en éxodo. Pero, una vez más, nos aferramos al dicho del poeta: «donde acecha el peligro, allí se anuncia también la salvación». Eran ya 30 años de caminar, toda una generación para celebrar y, a la vez, una gran preocupación por la deriva de los tiempos. Las prioridades que imponían los grandes poderes iban radicalmente en contra del sentido del caminar en éxodo y al anhelo de justicia, dado que iban cerrando el horizonte de un futuro humano. De ahí el editorial de “seguir en éxodo, tras la justicia”, para poder soportar el revertir de la historia y despejar el nuevo horizonte de la utopía. La revista se autoimponía vigor para la resistencia y apertura a la inspiración de la profecía; constituir su lugar como memoria colectiva y subversiva con el foco puesto en los grandes descartes humanos, en las víctimas de todas las crisis y en la tierra al borde del límite. Retos, pues, para formular alternativas modestas, pero acordes con la dignidad y multidiversidad de la vida.

Estar en éxodo permanente es
empezar a mostrar que otro
mundo es posible ya

El nº 150 contó con el ya citado Manifiesto de la palabra. Homenaje a la palabra como arma que inicia todo camino de paz; homenaje a dar la palabra a muchas visiones y experiencias, porque la verdad es siempre colectiva; homenaje a los desposeídos de la palabra, a los silenciados. Una palabra que razona, comprometida en la frontera del pensamiento por hacer; una palabra convocante y organizadora de la acción colectiva y emancipadora. Y una palabra, cómo no, amorosa y enérgica frente a la mercantilización de la vida. Tal como se acuñó, el mejor homenaje a la palabra fue “salvemos las palabras”.

También se recogieron las palabras evaluadoras de personas colaboradoras de la revista y el enmarque, desde el equipo de redacción, de las cuatro dimensiones básicas que hemos repetido en cada número. Se orientó la mirada de las personas colaboradoras a dos aspectos: lo que ha supuesto la revista Éxodo en el panorama socio-religioso en España y, segundo, los retos a afrontar a corto y medio plazo. Entendemos que los elogios vertidos sobre Éxodo llegan desde la amistad de quienes las emiten, pero, quizá, también atinen al detectar objetivos perseguidos por la revista. Recogemos algunos más llamativos:

«Un referente importante de un cristianismo de izquierda con voluntad emancipadora. Portador de otra modernidad, del mundo del sur, de los excluidos en el centro del capitalismo y las periferias» (G. Santesmases).

Al acecho del Reino diferente,
voy amando las cosas
y la gente,
ciudadano de todo y
extranjero

«Un universo religioso alternativo a la religión oficial y al mercado». «(La revista) no renuncia a un pensamiento religioso y, a la vez, está atenta y sensible a las nuevas expectativas socio-políticas» (V. Camps).

«Aúna reflexión y acción, atenta a los conflictos de clase y ecologistas, feministas y de los derechos humanos… todo lo que afecta a la vida en común» (J. Montero).

«Pensamiento crítico desde una sensibilidad evangélica para transformar la realidad; integridad de la creación y libertad de las personas» (N. Forcano).

«La mejor manifestación escrita del cristianismo de la liberación en España. Siempre en diálogo con los agnósticos y presente en los movimientos de transformación social» (R. Díaz-Salazar).

«Asocio a Éxodo a las tres funciones del andamio: reconstruye monumentos deteriorados, sostiene lo que hay valioso en la ruina, y facilita el acceso a la parte más alta… Ha supuesto un compromiso inequívoco con el futuro, en estado de libertad, a través del pensamiento crítico que abre territorios inexplorados y caminos de esperanza en la sociedad y en la iglesia. Sin la compañía de Éxodo muchas personas se hubieran derrumbado, y otras tantas se sentirían huérfanas» (J. García Roca).

Éxodo, un referente importante de un cristianismo de izquierda con voluntad emancipadora

Éxodo, un referente
importante de un
cristianismo de
izquierda con voluntad
emancipadora

Respecto a los retos a afrontar en el futuro, también han señalado varios, diversos e imposibles de afrontar si no es de modo conjunto por todos los sectores en línea con la emancipación. Recogemos los siguientes y entendemos que son invitaciones a estar atentos y a colaborar en su implantación:

  • Economía: «Vincular las crisis –económica y ecológica– a la emergencia social» (Y. Herreros).

«Mientras llega la alternativa al capitalismo irreformable, explotar los criterios de rentabilidad ecológica y social (sacar del mercado los servicios básicos de salud, educación, la tierra, la vivienda, el trabajo…), transformar en público y colectivo el corazón del sistema productivo para poner la economía al servicio de la sociedad» (C. Sánchez Mato).

  • Política: «Afrontar todas las desigualdades, especialmente las que cargan contra las mujeres; impulsar un internacionalismo feminista» (J. Montero).
  • Ética: «El gran reto es construir una moralidad cívica que nos comprometa a todos en los retos actuales de la humanidad. Se requieren medidas políticas y, también comportamientos virtuosos» (V. Camps).
  1. García Roca propone todo un elenco de tareas pendientes en las que centrar nuestro empeño. Destacamos: «Una ética que desplace la verdad única por la justicia y la bondad»; «revisar la propiedad privada de los bienes públicos en pro de la fraternidad»; «el imperativo ecológico y las relaciones con la tierra»; «virtudes públicas frente a desequilibrio político»; atención a los «nuevos avances científicos y su relación con la vida y el cuerpo»; «apostar por la emergencia de nuevos actores públicos: mujeres, minorías, migrantes…»

Ámbito religioso-evangélico: «Mística de ojos abiertos y compromiso por la transformación social y ecológica. Replantear todos los servicios sin distinción de género. Atención a ‘la bioética y a la tecnología’. Revalorizar el cuerpo» (N. Forcano).

Para R. Díaz-Salazar habría dos retos fundamentales: «Mantener vivo el anuncio de Jesús y dialogar públicamente sobre la cuestión de Dios en ámbitos cultures que desprecian o extienden una espiral de silencio sobre esta temática». Otros retos serían: «La presencia pública de los cristianos»; «la transformación evangélica de la Iglesia para convertirla en ekklesia»; la difusión de prácticas de la iglesia de la liberación en América Latina, Asia y África como nuevo internacionalismo»; «la crítica contundente al capitalismo. Participación en luchas anticapitalistas y aportaciones cristianas a la transición ecológica al postcapitalismo». Además, señala cinco ámbitos prioritarios para el compromiso: la explotación y la precariedad laboral; la marginación; el feminismo proletario de las de abajo; el activismo ecologista y el internacionalismo contra la pobreza y la desigualdad». Finalmente, atender a «la sed de espiritualidad que se manifiesta en el resurgir de la meditación laica».

Del enmarque de los miembros del consejo de redacción sobre las cuatro dimensiones básicas, recogemos las líneas que perfiló Juanjo Sánchez sobre la clave de “la espiritualidad liberadora”. Comienza planteando la extrañeza de que una revista de inspiración cristiana parezca tan poco religiosa, incluso que sea una de las más laicas o seculares. Y es cierto, nos dice Juanjo, desde una mirada superficial pero no desde una mirada sosegada, que descubrirá que la vertiente religiosa es la decisiva. Esta paradoja deriva de la singularidad y diferencia del Dios cristiano, del Dios de Jesús. Recogiendo las palabras de J. B. Metz: «el que habla de Dios y en su hablar no se escucha el eco del sufrimiento del mundo, ése no hace teología, sino mitología». Pues esa es la clave religiosa evangélica que ha marcado la singularidad de Éxodo. En suma, una ‘mística de ojos abiertos’ y una modesta tarea de ‘andamio’.

II En Éxodo… nuevos retos

A partir de las 150 etapas simbólicas que ha realizado Éxodo en sus primeros 30 años de caminar hasta 2019, no ha resultado difícil descubrir las grandes pistas seguidas desde el inicio. Pero en las cuatro grandes rutas (los pobres, la ciudadanía, la democracia y la dimensión religiosa), la revista ha tenido que seguir explorando y, a su modo, hacer frente a múltiples ramificaciones que se han ido añadiendo a la autopista principal en el último trienio. Se trata de los muchos retos que nuestros amigos ya señalaban en el número 150. Podríamos decir que, si el ser humano siempre ha tenido que ingeniárselas para proteger la propia vida de los desafíos que la acechan, estos en los últimos tres años han sido mayores, y la revista ha tratado de afrontarlos con los ojos bien abiertos:

Los pobres, por ejemplo, «siempre estarán entre nosotros/as», como vino a decir el galileo. Pero, cuando la brecha de la pobreza entre los humanos se agranda y, además, el planeta Tierra es víctima del deterioro climático, el reto parece mucho mayor.

En algunas instituciones se está acrecentando ya la toma de conciencia de esta situación que amenaza con aniquilar la vida humana en la Tierra. La propia Iglesia católica, convocando un sínodo amazónico, pretendió impulsar, aunque después le faltara ímpetu para llegar al final, la urgencia de una “ecología integral”, invitando al creyente a rescatar el espíritu primordial de Jesús en las aguas del Jordán. Del mismo modo, el llamado Pacto de las catacumbas, o implicación de la Iglesia en el mundo de la pobreza, suscrito por algunos padres conciliares al finalizar el Concilio Vaticano II, tampoco ha mantenido su impulso inicial (nº 151). Rufino Velasco desarrolló su empeño, tras la estela del providencial Juan XXIII cuando convocó un concilio para responder a la pregunta: «Iglesia de Dios, ¿qué dices de ti misma?» Pensar, divulgar y llevar a la práctica un nuevo modelo de Iglesia comunidad sería la verdadera tarea del teólogo. Solo en la liberación anida la utopía por la que se puede creer y tener ánimo para intentar con todos los oprimidos de la Tierra revertir la historia, subvertirla y lanzarla en otras direcciones (nº 154).

Solo en la liberación anida
la utopía y el ánimo para
intentar revertir la historia
con todos los oprimidos de la
Tierra

Esta clave de la opción por los pobres y contra la pobreza y, a su vez, la responsabilidad contra el cambio climático y la apuesta por una ecología integral han tenido para Éxodo un brillante referente en la figura de Pedro Casaldáliga, obispo de la muy pobre diócesis del Mato Grosso, en Brasil. Su “compromiso con los últimos” y la asunción de sus grandes causas –que no fueron otras que la Tierra y sus cuidados, las culturas originarias, la diversidad de espiritualidades existentes y la posibilidad de un cambio radical en Iglesia– han sido fuentes de inspiración constante para la revista (nº 156).

  • La ciudadanía, como lugar de convergencia de las diferentes personas y culturas en la sociedad, ha sido otro de los retos a los que Éxodo ha dedicado su atención.

La ciudadanía, como lugar de convergencia de las diferentes personas y culturas en la sociedad, ha sido otro de los retos a los que Éxodo ha dedicado su atención.El derecho a una muerte digna y con sentido, por el que muchas personas –Luis Montes, Ramón Sampedro, Andrea o María José Carrasco– han clamado desde el lecho del dolor, ha merecido finalmente el justo reconocimiento legal. Éxodo, con la fuerza del testimonio del reconocido teólogo Hans Küng, se ha sumado a ese clamor de las personas más débiles desde «el respeto profundo a la vida infinitamente valiosa de toda persona» (nº 152).

No podíamos pasar de largo ante el confinamiento prolongado provocado en la ciudadanía por la Covid19. Tras los brillantes momentos del balcón, apoyando a las personas que, poniendo en peligro la propia vida, se dedicaron a cuidar de las demás, tuvimos que llorar demasiadas muertes. Como la experiencia de límite al borde del precipicio que sorprende brutalmente al montañero cuando ha equivocado el camino, Éxodo confirmó su convicción de que el neoliberalismo desbocado sigue apostando por un camino equivocado… y modestamente nos invitó a rectificarlo (nº 157). Sin alarmismos, pero sin ignorar que estamos atravesando una profunda crisis de civilización, agravada por la reciente guerra en Ucrania, la situación actual parece similar al hundimiento del Titanic. Necesitamos reaccionar para que las “alegres melodías” que pretendían acompañar el hundimiento del “orgullo de los mares”, no nos sirvan de encantamiento ante el inmenso iceberg que ya tenemos delante (nº 161).

  • La participación en la vida pública o democracia, otra de nuestras claves ha surgido de la experiencia dolorosa de la corrupción, de la perversión de la política interesada.

Lo peor de las consignas, sobre todo de las políticas que exacerban el odio, es que acaban destruyendo la convivencia ciudadana y van en contra de los valores del Evangelio. La fe en la democracia y en la misma política necesita, como aseguraba el filósofo no creyente Max Horkheimer, «un momento de teología para no degenerar en negocio» (nº 155).

Este momento de teología, laicamente asumida, nos va a ser necesario para «des-andar caminos equivocados y re-conducir solidariamente la vida». En este nuevo “tiempo axial” necesitaremos valor para mucha participación colectiva, para el reconocimiento de sectores siempre malditos, sujetos que siendo socialmente mayoritarios hemos sometido patriarcalmente a esclavitud o falta de libertad, y para el reconocimiento de pueblos a los que hemos negado su identidad y sometido a nueva colonización y apartheid (nº 158).

  • Finalmente, la apuesta de Éxodo por la religión, por las religiones como forma de profundidad y superación de la realidad. En la situación actual, las religiones, si son fieles a su primer manantial, nos situarán en el “reverso de la historia” desde donde es posible anunciar una buena noticia para el mundo. Desde su opción por la justicia, la religiosidad seguirá clamando por lo totalmente otro (nº 160).

La fe en la democracia y en
la misma política necesita
“un momento de teología
para no degenerar
en negocio

En este sentido, el cristianismo, a través de la Teología de la Liberación, ha tenido un papel determinante en los procesos de autodeterminación de los pueblos, en la tensión con el fundamentalismo religioso del mercado y en las reclamaciones planteadas desde la descolonización.  Tampoco la religión liberadora puede ser hoy ajena al empoderamiento de la mujer, de los movimientos negro e indígena, de los sin-tierra y de los colectivos LGTBI+  (nº 153).

Seguimos caminando

Nuevos retos que siguen jalonando, desde los márgenes las rutas del caminar en éxodo. Señalamos el compromiso adquirido en la revista por el «imperativo ecológico, que da lugar a nuevas relaciones con la Tierra»; por el «nuevo internacionalismo feminista» y por el reconocimiento de las prácticas de las iglesias de la liberación en América Latina, Asia y África como «internacionalismo de la liberación». También el empeño por constituir una «moralidad cívica encarnada» frente al desequilibrio de la política; la atención a la emergencia de nuevos actores públicos, minorías desatendidas que ya dicen su palabra. La apuesta por la «mística de ojos abiertos» para la transformación social; la atención a la bio-ética y las nuevas tecnologías en la sociedad de la información. Mantener vivo el anuncio de Jesús, mediante la presencia pública de los movimientos cristianos, y dialogar en el espacio público sobre la cuestión de Dios.

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